Crónica Greenleaf + Electric Valley + Mohama Saz.


23 de Enero. 15:53 de la tarde. Facebook de Greenleaf. Esta foto:

Greenleaf Broken Van

Sí, eso que tiene tan mala pinta es la furgoneta de los suecos. A esas horas de la tarde, cualquiera que hubiera comprado la entrada anticipada y viera ese humo pensaría que el concierto que iban a dar esa noche en la Sala Maravillas se cancelaría.

Por suerte no fue así. Greenleaf dieron un bolo muy gordo esa noche y a pesar de todos los problemas, tocaron y transmitieron simpatía y humildad durante toda la noche.

Antes de hablar del cabeza del cartel, hablemos de otras cosas. En primer lugar, la situación absurda de indicar que la apertura de puertas es a las 21:00, que estas abran más tarde de las 21:30 y que cuando la gente que estaba haciendo cola no ha terminado de entrar, ya haya empezado a tocar el primer grupo.

Si ya de por sí, abrir un bolo es un marrón, si no se favorece que la gente entre a tiempo, peor todavía.

Ese marrón le tocó a Mohama Saz, a los que ya vimos en la fiesta de presentación del festival 7 Infiernos que Nooirax  organizó el año pasado, y a los que poco a poco vamos viendo cada vez en más bolos.

Mohama Saz Greenleaf Electric Valley

Con su mezcla de psicodelia, instrumentos otomanos, vientos que facilitan el trasladarnos a una atmósfera más pesada y unas camisas de lo más originales, abrió la noche el cuarteto.

A pesar de no contar con más de 20 personas entre el público, consiguieron arrancarnos algún meneo de cuello con el groove que tenían las canciones.

No sería profano decir que buena parte de esa psicodelia puede venir por la influencia de Javier Alonso o Adrián Ceballos, ya que formaron parte de RIP KC (como lo hiciera también Paña). Germán Fernández por su parte aportó una gran solidez durante todo el bolo, lo que, junto con el ambiente morisco que evocaba Arturo Pueyo con sus vientos, nos hizo meternos más en la atmósfera que consiguieron crear en el corto rato que tuvieron.

Los que también tuvieron poco tiempo para mostrarnos parte de su Multiverse y de nuevos temas, que también los hubo, fueron Electric Valley. Les recordamos por el bolo que hicieron, también con Desert Sons, en el Desertnautas Fest de agosto del año pasado.

Antes del comienzo de su bolo, la cantidad de gente que había en la sala se multiplicó, lo que demuestra que cada vez van moviendo a más adeptos.

Electric Valley Greenleaf Mohama Saz

Si mal no recuerdo, fue en este momento en el que Curro me dijo “creo que el 75% de los tíos que hay en la sala, llevan barba”. Electric Valley sobrepasaba los cálculos.

Electric Valley Mohama Salz Green Valley

Mario, Miky y Charlie, en los apenas 5 temas que tuvieron tiempo de tocar, volvieron a dar un buen bolo con temas contundentes, sin dejarnos un respiro entre tema y tema y con un sonido de bajo que te hace vibrar el tímpano.

Bolo muy resultón que consiguió caldear, y mucho, el ambiente antes de que los monstruos suecos se subieran al escenario. Si tuviera que poner un pero, sería que en alguna canción se reflejaba el talón de aquiles del stoner: la composición básica con falta de sorpresa u originalidad que podía hacer desconectarte del bolo.

Y a eso de las 23:00 llegaron los cabezas de cartel. Con la inminente salida de su próximo disco Rise Above The Meadow, que se publica el 26 de Febrero, veníamos con ganas de escuchar algún adelanto, pero no hubo mucho más adelanto que el A Million Fireflies que adelantaron hace un mes en forma de videoclip y Golden Throne.

Greenleaf Mohama Saz Electric Valley

Tras colocarse en el escenario y hacer una prueba de sonido de menos de 5 minutos, los de Börlange comenzaron a desplegar su buen feeling al contarnos nada más acabar el primer tema lo que les había pasado durante el camino que les traía de Santiago De Compostela donde tocaron el día anterior.

Poco le duró el pelo seco a Tommi Holappa, guitarrista de la banda, que nos demostró su carisma simplemente con su presencia, ya que llama mucho la atención ver a un tío de unos 130 Kg haciendo poses y gestos de superstar sin fallar ni un solo de los riffs que salían de su Firebird.

Aunque para presencia, la de Arvid Jonsson. Con sus brazos tatuados, su chupa vaquera llena de parches de Pink Floyd, Led Zeppelin y demás bandas de las que seguro han mamado, se metió al público en el bolsillo durante todo el bolo.

Con sus aspavientos al rito de temas como Our Mother Ash u Ocean Deep ya te deja hipnotizado y si le miras a los ojos azules de Husky Siberiano mientras pone cara de poseído, el hipnotismo se multiplica.

Arvin Jonsson Greenleaf Mohama Saz Electric Valley

Quizá lo más llamativo de toda la noche fue el final. Forzado a más no poder.

Hay dos motivos para hacer que este momento sea el highlight de la noche; el primero, lo estricto de la hora en que la Sala Maravillas dio por finalizado el concierto y lo inoportuno de subir la música que te indica que el bolo se ha acabado en mitad de un parón de “With Eyes Wide Open”.

Lo segundo, el cómo Arvin hizo que el público cantara a capella el estribillo de esa canción, sudándole la hora a la que cerrara el garito y tapando la inoportuna música.

Desconocemos los motivos de esta bizarra situación, pero si en una sala se tiene que terminar la música en directo a las 00:00, y tienen que tocar 3 bandas, lo lógico es que el tiempo en que la gente está esperando fuera, se aproveche para comenzar el concierto antes.

Agradecemos a Desert Sons que montara todo esto para traer a esta banda. La Sala Maravillas estuvo llena a más no poder a medida que se iba acercando el final de la noche, con la consecuente incomodidad que la sala tiene con esa disposición.

Esperamos que la promotora siga funcionando durante mucho tiempo para que sigan trayendo bandas que enriquezcan la escena stoner madrileña.

Mención especial a la gente de Resat Backline, que proporcionaron la bateria DW PDP Maple CM5 para que los grupos dispusieran de ella. Más pintona no podía ser y el sonido muy contundente.

Litos Márquez

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