Probad de este fruto: Red Apple


 

Red Apple: For all and none (dir. Hugo Ventura), 32 minutos.

 

Hace tres años, después de entrevistar a Red Apple, acabamos en nuestra querida A Conchiña tomando algo y hablando de documentales. Las referencias al hablar de películas documentales y música iban por Anvil! The Story of Anvil, Lemmy, Some Kind of Monster y similares. Suelen tener una duración de entre hora y media y algo más de dos horas y retratar a músicos consagrados o grupos de culto que lo tenían todo para la gloria y a quienes, por algún misterioso motivo, esta se les escapó. ¿Sería este el entorno de Red Apple: For all and none? Pues más bien no.

Este es un documental muy ligero (media hora) y la materia prima son Red Apple, con lo que eso implica. Los que les seguimos ya lo sabemos: son una banda joven, que no nueva –diez años en total, cinco en su actual formación y en los que han publicado cuatro discos–, sin nada que dé para una película sensacionalista. Ni éxito prefabricado, ni politoxicomanías conocidas: cuerdas, voz y percusiones; letra y música; carretera y caña. Un grupo discreto al que muchas nos hemos rendido y que está hecho de lo mismo que se ve en la obra de Hugo Ventura. Es lo mismo que se ve en sus conciertos, en sus discos, en las entrevistas que hemos tenido el gusto de compartir o en el bar. Por eso For all and none es un documental introductorio, para que quienes les conocen poco o nada empiecen a interesarse por ellos (para qué esperar a que peinen canas) y para que quienes consideramos que ya nos han ganado sonriamos viéndolo. Si se nos permite la comparación, es un poco como Aquí Te Puedes Rendir: hecho sin grandes medios, pero con ganas y convicción, por lo que consigue lo que –entendemos– pretende.

Y ¿qué es eso que se ve? Personas tímidas sin falsa modestia que caldean salas de conciertos; inquietudes humanas sencillas, que no simples, y energía vibrando en forma de música a través de las entrañas. Una banda que lanza señales al inmenso espacio sabiendo que quien poco tiene, poco puede perder.

Bruno Rogero

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